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Instituto Nacional del Torax

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Historia

La concepción de in Instituto dedicado a las enfermedades del tórax surge en La Paz luego de la Guerra del Chaco, a partir de un precario hospital broncopulmonar que funcionaba en el área de la actual Plaza Bolivia, entre Arce y Ravelo, junto al Hotel Radisson. Es difícil indagar quien o quienes concibieron el proyecto, pero seguramente rondaba esa necesidad en la mente de los contemporáneos de post guerra, particularmente a la luz de la tisiocirugía, a la sazón en boga, Los grandes proyectos tomaban su tiempo, particularmente en un medio como el nuestro carente de recursos y un crónico magro presupuesto.


El área escogida para la construcción fue un canchón ubicado al fondo del Hospital General pero que contaba con una evidente ventaja, tenía salida a la calle Claudio Sanjinés, colateral de la Avenida Saavedra.


Don Florentino Mejía Gandarillas aparece nítidamente como el impulsor de la obra, obteniendo recursos de los impuestos sucesorios. El Dr. Julio Manuel Aramayo, entonces Ministro de Salud del Presidente Víctor Paz Estensoro en su primera gestión de gobierno, tuvo activa participación en el proceso. La estupenda orientación del edificio fue diseñada por el Padre cabré, Director del Observatorio Astronómico de los Jesuitas de San Calixto, mirando hacia el noroeste de tal suerte que el sol iluminara su fachada prácticamente todo el día, particularmente en invierno.

Un 9 de abril, en el séptimo aniversario de la Revolución Nacional, se abrieron sus puertas; solamente fue la ceremonia inaugural del flamante edificio. Corría el año 1959, pero tendrían que pasar 10 años para perfilarse y adquirir relevancia nacional con el advenimiento de la cirugía cardiaca con circulación extracorpórea. El Instituto Boliviano de Biología de la Altura, instalado en la planta baja gracias a la cooperación francesa, a partir de 1968 permitió realizar cateterismos cardiacos y aún cinecoronariografías, gran avance tecnológico que ponía a nuestra institución a la vanguardia de la cardiología. Hay que resaltar, en esa época, la figura del Dr. Hernán Criales Alcázar como el primer hemodinamista que tuvo el país y, por cierto, nuestro Instituto.


La llegada al país de una pléyade de profesionales recién formados en el extranjero fue clave para el gran salto que experimentaría el I.N.T. El Dr. Alfredo Romero Dávalos fue fundamental en el proceso, ya que sus notables condiciones de liderazgo y capacidad de organización configuraron no sólo el perfil asistencial sino académico del Instituto, con la organización de cursos de pre grado para estudiantes de Medicina. En el post grado implantó el sistema de Residencia Médica pionero en el país, formando cardiólogos, neumólogos, cirujanos cardiovasculares y posteriormente intensivistas. Este hecho tiene hasta la fecha una connotación de soberanía nacional, pues la formación de especialistas hasta entonces era una tarea dependiente exclusivamente del extranjero y con una oferta de becas cada vez más restringidas.


Las visitas de profesores invitados del exterior, sin embargo menudearon. La estrategia de formación de nuestros especialistas, por tanto experimentó una saludable evolución. Las salidas de nuestros profesionales a partir de esa fecha fueron optativas y ya no con un afán de aprendizaje básico, sino de perfeccionamiento. La misión de nuestro Instituto en ese sentido todavía no ha sido valorada en su verdadera dimensión. Es verdad que tuvo sus altibajos dependientes de las políticas nacionales de salud que en algún momento priorizaron demagógicamente la atención primaria de salud y las movilizaciones populares, en desmedro del tercer nivel de atención que también es una obligación del Estado. La atención hospitalaria volvió a caer en una excesiva dependencia del extranjero, pero esta vez los pacientes (léase población boliviana) que podían cubrir exorbitantes costos, lo hacían, para los otros que son la mayoría, no hace falta decir, solo la cristiana conformidad.


La estrategia preconizada por la OMS bajo el lema “Salud para todos en el año 2000” formulada en los años 70, inspiradora de las estrategias ya mencionadas, no se cumplió ni remotamente, a ello hay que agregar la hiperinflación de los años 80, devastadora para nuestro Instituto. La prioridad (en esa época el sucrito era Director del Instituto) era dar de comer a los pacientes con el sobreagregado del pago de una pesada deuda por el equipo de hemodinámica que funcionó hasta hace unos años. Habrá que recordar que en algún momento el salario de un médico equivalía a veinte dólares mensuales, tal era la precariedad económica del país.


Cambiaron las recetas formuladas desde el extranjero. La OMS y las Organizaciones no Gubernamentales volvieron a mirar –afortunadamente- a los hospitales devolviéndoles su rol protagónico. El Ministerio de Salud, al final de los años 90, fortaleció finalmente la labor administrativa de los hospitales, modernizándolos, implantando los planes de desarrollo estratégico de largo aliento, los planes operativos anuales y los sistemas de información gerencial. La adquisición de computadoras permitió establecer paulatinamente redes de Internet e intranet. Nuestro hospital siguió ese camino y continúa por él con avances en auditoria médica y en el establecimiento de comités de asesoramiento, pero habrá que admitir que ha estancado en docencia, paralizado en investigación y retrocedido en cirugía cardiaca. La auspiciosa perspectiva del Tercer Congreso del I.N.T., previsto para el próximo año, permite avizorar un nuevo ciclo y un gran horizonte para nuestro Instituto.

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